Alvaro L. Ramazzini Obispo de Guatemala
La Iglesia en América Central ante la diaria realidad de la droga y sus consecuencias


Al hablar de drogas no me refiero ni al alcohol ni al tabaco. Me refiero directamente a la producción de la amapola de la cual se extrae la heroína y de la marihuana y al tráfico de la cocaína.

Si bien el problema existe en toda América Central, quiero centrar la atención especialmente en Guatemala, país que, desde 1989, es considerado por la DEA (Drug Enforcement Agency) el séptimo país del narcotráfico mundial, debido a su producción de amapola, marihuana y su tráfico de cocaína. Por eso, las referencias que haré tienen que ver directamente con Guatemala.

1. El contexto de la narcoproducción

La producción de drogas en Guatemala se inició en la primera mitad de los años 80. Es pues un fenómeno reciente, y creciente. Según la DEA, en 1990 y 1991 el cultivo de amapola ocupó 1.930 y 1.721 hectáreas respectivamente. Esto significó la producción de 12 y 10 toneladas de opio, con un valor aproximado de 1.800 y 1.500 millones de dólares. En 1992, la producción aumentó en un 200% respecto a 1991.

Las áreas de cultivo varían. En mi diócesis de San Marcos, se cultiva la amapola. Es útil recordar que las áreas cercanas a la frontera mexicana están siendo utilizadas como áreas de cultivo, ya que, según la DEA, los productores fueron empujados a esa zona luego que, a mitad de los 80, las autoridades mexicanas establecieron controles a la producción de droga en México. Se piensa que en Guatemala ya existen laboratorios de procesamiento de la cocaína.

1.1 El tráfico de la cocaína

En 1990 pasaron por Guatemala 50.000 kilos de cocaína provenientes de Colombia. Ese año se hizo el cálculo que 500 colom-bianos entraban mensualmente a Guatemala, de los cuales al menos un 20% pertenecían a los carteles de Cali y Medellín.

En 1990, por ejemplo, se capturó un cargamento de 5.800 kilos de cocaína, con un valor superior a los 10.000 millones de dólares. A lo largo del año, en los periódicos apareció una serie de noticias relacio-nadas con el tráfico de la cocaína: avionetas incendiadas, personas llevadas al hospital porque llevaban pastillas de cocaína en el estómago, cargamentos descubiertos en camiones con doble piso, cargamentos tirados desde aviones en los lagos o transportes de droga en lanchas, pistas de aterrizaje clandestinas, etc. etc.

Hace algunas semanas se publicó un informe según el cual guatemaltecos y costarricences, bajo la coordinación de "narcos" colombianos, integran el cartel más fuerte de Centroamérica. De hecho se ha establecido ahora que Guatemala y Costa Rica son bodegas de almacenamiento para la droga. Se piensa que el cartel de Cali y sus socios guatemaltecos trafican anualmente cocaína por un valor de 100 mil millones de dólares.

1.2 El lavado de dólares

Se estima que los negocios del narcotráfico generan en Estados Unidos la cantidad anual de 50 mil millones de dólares. Ese dinero tiene que ser introducido en el sistema financiero legal de EE.UU. o ser enviado a mercados menos regulados. A finales de 1979 y principios de 1980, los carteles de la droga transportaban los dólares en los mismos aviones, barcas y camiones que introducían la mercancía en USA. Posteriormente los grupos desarrollaron métodos más complejos que incluyen la creación de compañías fantasmas y otras redes difíciles de detectar.

El narcotráfico deposita sus ganancias millonarias en países que tienen problemas económicos y necesitan capital fresco. Así se ha generado la existencia de "dinero negro" que aflora en los mercados especulativos. Se crean además empresas de fachada.

De este modo, los narcotraficantes están invadiendo las redes del comercio internacional para esconder el dinero generado por el consumo de drogas, especialmente en EE.UU., dados los estrictos controles implantados en el sistema bancario de USA que obliga a señalar transacciones superiores a los 10.000 dólares. Ahora los "narcos" compran mercancías que comercializan en los mercados de América Latina. En este sentido se afirma que la zona libre de Colón, en Panamá, ha pasado a ser una plaza para "lavar" dólares. Los "narcolavadores" usan también a personas que se especializan en "lavar dinero" mediante transacciones inferiores a los 10.000 dólares.

En el caso de Guatemala, el aumento del mercado de la cocaína y el "lavado" de dólares ha dañado la economía guatemalteca, provocando el aumento de los precios de los bienes immuebles y generalizando especulaciones financieras con capitales de dinero negro. Según algunos analistas «ese dinero ha contribuido al relativo desahogo de algunos indicadores macroeconómicos, específicamente las reservas monetarias y la estabilidad monetaria». Hay que decir, además, que en un contexto de implementación de un modelo económico neo-liberal, en el que lo importante es el dinero, enormes capitales provenientes del narcotráfico han encontrado una buena puerta abierta en las privatizaciones de instituciones públicas y mayor apertura comercial en América Latina.

l.3 El involucramiento oficial

Funcionarios de la administración pública, algunos con altos cargos, gente de gobierno y oficiales militares se han visto envueltos en el narcotráfico. Esto ha sido fehacientemente comprobado en Guatemala. Jefes de la policía y de la guardia de finanzas han caído también en la tentación del dinero fácil del narcotráfico. Lo mismo podemos señalar de hombres de negocios y empresarios.

Según un informe dado a conocer por el Observatorio Geopolítico de las Drogas, la producción de drogas y el "lavado" del dinero proveniente del narcotráfico han generado en Guatemala y Costa Rica una corrupción en la que no están exentas ni las más altas esferas del mundo político ni las Fuerzas Armadas. El narcotráfico corrompe la sociedad y ame-naza controlar los mecanismos gubernamentales.

1.4 La impunidad

En las informaciones obtenidas se habla de muchas personas capturadas y consignadas a los tribunales. En la mayoría de los casos se trata de los dueños de terrenos en los que se siembra la amapola o la marihuana. Los grandes responsables del narcotráfico no son aprehen-didos. En ocasiones son aprehendidos quienes sirven de «correos», vale decir, los que transportan la droga. Se trata de colombianos, salvadoreños, costarricenses, españoles, mexicanos, nicaragüenses, hondureños, norteamericanos, canadienses, panameños, israelíes, o de cualquier otro país.

Los productores de droga y los narcotraficantes, se hallan ampliamente provistos de sistemas de comunicación, vehículos y equipos electrónicos. Esto dificulta su captura, aparte que las fuerzas policiales no cuentan con suficientes recursos logísticos. Además hay que señalar que si en algún sector la administración de la justicia es ineficiente, lo es en este sector del narcotráfico. En muchas ocasiones, por más que se conozca a los responsables, no se los somete a las sentencias y castigos debidos.

En el caso de Guatemala, dado el alto volumen de la producción y del tráfico de drogas, llama la atención que los responsables no sean capturados ni consignados a los tribunales. Al hablar de los responsables pienso en los que manejan todo el narcotráfico. Alguien ha destacado que Guatemala, dada la situación de impunidad que lo caracteriza, es un lugar privilegiado para proteger los desmanes del narcotráfico. Esto sin mencionar los casos en los que agentes de investigación o personas que pueden servir de testigos de casos delictuosos han sido sencillamente asesinados, sin que esos crímenes hayan sido luego investigados.

Caso típico de la impunidad han sido todos aquellos casos en los que han estado involucrados militares. A veces han sido expulsados del ejército o retirados del servicio activo, sin ser sometidos a los procesos respectivos. De hecho el involucramiento de autoridades civiles y militares guatemaltecas en la narcoproducción y en el narcotráfico ha ocasionado tensiones entre los gobiernos de Guatemala y de los EE.UU., ya que éstos no solamente exigen la extradicción de los narcotraficantes culpables, sino también pide que las investigaciones sean llevadas hasta el final.

1.5 El comercio internacional

El narcotráfico se ha convertido en una industria que se caracteriza por su excelente organización, con sus estrategias bien definidas a nivel regional y mundial. Es parte importante de una red de negociantes y comerciantes que genera millones de dólares a costa de la muerte de tantas personas. Es por lo tanto un fenómeno transnacional que rebasa las fronteras tanto de los países productores como de aquellos por los cuales transita la droga.

La demanda de los consumidores hace que los precios varíen. Un ejemplo: en Moscú y en Stuttgart un kilo de cocaína al por mayor se paga a 90 mil dólares, mientras que en Miami se paga a 19 mil, en Méjico a 13.000 y en Colombia a 2.100 dólares. El consumo está creciendo rápidamente en los países latinoamericanos, se está haciendo masivo en Europa y ya lo es en los Estados Unidos.

Como señalé anteriormente, los capitales nacionales y los centros financieros están siendo inundados del dinero generado por la industria transnacional del narcotráfico y uno de los problemas fundamentales que hoy día se pone es la legitimización de capitales provenientes de este comercio internacional de la droga.

2. Los efectos de la droga

2.1 La destrucción del tejido social de los pueblos

En la niñez: la problemática de la droga cobra mayor relevancia en la medida en que ataca a los niños, futuro de cualquier pueblo. Cada año nacen más niñas drogadictas víctimas de la adicción de sus madres a la cocaína. Muchos niños/as de la calle, fruto de la desintegración familiar, en muchos casos resultado del problema de la drogadicción, están ahora utilizando los solventes y estupefacientes para luchar contra el abandono y el hambre que los angustia. Así pretenden huir de una sociedad que no ha sabido acogerlos, educarlos, amarlos y cuidarlos.

De la cocaína se está pasando a los solventes, sobre todo en los estratos pobres de la población. Los efectos destructivos son los mismos. Los traficantes de drogas ofrecen ahora solventes que compiten con drogas consumidas en otros estratos sociales, tales como la cocaína.

Además, los narcotraficantes usan a los niños para trasportar y vender la droga. Ahora llegan a las escuelas primarias y no solamente a las escuelas de educación media. Esto sucede sobre todo en las grandes ciudades, fenómeno estrechamente ligado al subdesarrollo social y personal y la desesperación de los sectores marginados. El fenómeno de la urbanización descontralada, por otra parte, favorece el anonimato, la insolidaridad, la insatisfacción personaly social.

En la juventud: los daños que produce la drogadicción en la juventud son de todos conocidos: desintegración sicológica, pérdida del sentido de la vida, desorientaciones morales, daños físicos, etc.. También en este aspecto América Central no hace excepción.

En la mayoría de los casos la rehabilitación no se logra al 100% y los daños no se quedan solamente en los jóvenes afectados. Sus familias sufren las consecuencias. Todo esto se vuelve más grave y preocupante desde el momento en que la mayoría de nuestra población es joven. De hecho uno de los sectores más vulnerables es la juventud y hacia ellos se dirigen, ahora de modo más intenso, las actividades de los narcotraficantes. Realmente, el futuro de la sociedad centroamericana corre graves peligros. Con una juventud sumida en el problema de la drogadicción, los cambios sociales que nuestros países necesitan con urgencia se tornan mucho más difíciles de alcanzar.

2.2. Otros problemas que tienen una conexión directa con el fenómeno de la drogadicción son: la prostitución - también en adolescentes, - la violencia en sus diversas formas, las enfermedades sicológicas y físicas, y particularmente hay que mencionar ahora el sida, la corrupción, el fracaso escolar y ocupacional, los embarazos no deseados. Vale la pena recalcar una vez más que el dinero obtenido por la venta de las drogas es siempre un dinero que lleva consigo muerte y sufrimiento.

3. La Iglesia ante esta realidad

No obstante los muchos programas de desarrollo incluidos en la pastoral social y relacionados también al desarrollo agrícola que busca generar mejores condiciones de vida para los campesinos, hay que reconocer con humildad que todavía hay grandes lagunas que la acción de la Iglesia debe llenar. Menciono algunas:

1. Es necesario aumentar y, en muchos casos, crear comunidades de rehabilitación para drogadictos. Nuestros esfuerzos en este campo deben incrementarse.

2. Debemos reforzar el trabajo de concientización de los campesinos pobres que caen fácilmente en la trampa del dinero fácil, sin darse cuenta del daño que están provocando a sus familias ni del engaño al que están siendo sometidos por individuos inescrupulosos.

3. La campaña de concientización debe hacerse también en el ámbito de la pastoral educativa. Si los educadores no toman conciencia de la gravedad del problema ni orientan sus esfuerzos a guiar a la juventud por caminos que den sentido a sus vidas, están perdiendo una oportunidad trascendental.

4. Las denuncias que se hacen sobre la drogadicción deben poner en evidencia que ella no es un problema aislado. Más bien, estamos delante de un monstruo que se llama «narcotráfico», muy bien organizado, poderoso y con muchos recursos. Utilizando entonces la credibilidad de que goza la Iglesia, debemos crear una movilización de la conciencia social e involucrar a los sectores que conforman la sociedad civil para formar juntos un frente de lucha contra el narcotráfico. Esto implica organizar foros, manifestaciones, movilizar grupos, intervenir para lograr las reformas legales necesarias, etc. etc. Hay que desarrollar una solidaridad comunitaria para enfrentar el problema. Se debe abogar por una estrategia global, porque el problema no se lo puede ver desconectado de otros males sociales tales como la pobreza, la marginación, la desintegración familiar, la corrupción y la impunidad.

5. Es también necesario trabajar con los legisladores. En este sentido la Iglesia debe apoyar y promover las iniciativas de nuevas leyes, por ejemplo sobre el control del lavado de dólares, la confiscación de los bienes a los narcotraficantes, el castigo del tráfico de elementos químicos para la elaboración de estupefacientes.

En resumen: la Iglesia, particularmente la jerarquía, debe ayudar para que el problema sea enfrentado colectivamente por los gobiernos, el sector civil, las organizaciones populares y el sector privado.